domingo, 12 de enero de 2014

Beowulf, forma y contenido

Ya escribí sobre Beowulf (Astiberri, 2013) de Santiago García y David Rubín aquí, pero me quedé con algún pensamiento en el tintero que no me gustaría dejar sin comentar.

Existen tebeos que tienen una importancia particular dentro del medio. Tebeos que presentan unas propuestas creativas y unas innovaciones formales que o bien no se han visto antes o no se han tratado con la suficiente reflexión y consciencia. Son obras hechas por autores que tienen un discurso creativo particular y un interés palpable por el crecimiento del medio. Mientras que otros autores se centran en el aspecto narrativo, en contar una historia, éstos hacen prevalecer el continente sobre el contenido. Lo importante para ellos es reinventar el medio y progresar como autores antes que contar una historia accesible. Por supuesto es una postura muy defendible y de hecho, sin estos autores (hablo del cómic pero podemos encontrarlos en cualquier arte) el lenguaje de la historieta no habría llegado hasta donde está ahora, o al menos no a la misma velocidad.

El problema con estas obras tan innovadoras es que pierden parte de su sentido en un entorno ajeno al que se han creado. Me estoy acordando ahora por ejemplo, de cuando ECC Ediciones editó Flex Mentallo hace ahora un par de años. A pesar de la buena noticia que supuso el hecho de poder ver editado en España uno de los mejores cómics de Grant Morrison y Frank Quitely, duo creativo que ha aportado alguno de los mejores cómics del género, se creó cierta discusión sobre el hecho de si un tebeo como ese puede o no recomendarse a alguien ajeno al tebeo de superhéroes. Personalmente no le negaría su lectura a nadie pero probablemente a según qué lector le ofrecería otras muchas obras antes o, en todo caso, le explicaría un par de cosas previas a su lectura. La dificultad con Flex Mentallo estriba en que se preocupa más de indagar y retorcer los cimientos del género que de contar una historia. Esto, que es su principal objetivo, lo cumple magistralmente, pero pierde por el camino parte del poder narrativo que se le presupone a una historia. Al fin y al cabo, qué busca uno en un tebeo sino una historia que lo atrape durante una o dos horas.

Defiendo Flex Mentallo y admiro a sus autores que siempre han presentado ese interés por profundizar en su trabajo, por traspasar la capa superficial de un género ya muy sobado y ofrecer una vuelta de tuerca que permita a otros autores plantear ideas y conceptos nuevos, pero pienso que es una obra poco accesible para alguien no acostumbrado a leer tebeos de superhéroes, algo que también le ocurre a We3 también de Morrison y Quitely que plantea una interesante reflexión formal sobre la narración visual en el cómic de acción, pero que por eso mismo, puede suponer una lectura algo caótica provocando que el lector sea en ocasiones más consciente de las virguerías visuales (narrativas en el caso de Flex Mentallo) que de la historia que se le está contando.

Pasando a Beowulf, el mérito de Rubín y García está precisamente en ser capaces de plantear esa reflexión, esa mejora del cómic como formato sin perder en ningún momento el pulso de la historia que están contando. Tanto narrativa como gráficamente Beowulf presenta innovaciones, técnicas narrativas originales y depuradas, pero sin perder nunca de vista la historia del héroe mata monstruos que te mantiene en vilo hasta el final. García y Rubín comprenden que la finalidad de un tebeo es entretener y contar una historia que importe a quién la lee y no permiten que la forma predomine sobre el contenido pero sin renunciar a esa experimentación formal. De este modo la primera lectura de Beowulf se realiza del tirón sin pararte a pensar más allá de cómo será el próximo monstruo y cómo acabará Beowulf con él y es necesaria una segunda o tercera lectura para pararse a analizar el trabajo que hay detrás de esas páginas. Esto ya supone una innovación en sí misma en un medio relativamente joven al que todavía le queda mucho por explorar y en el que muchos autores están ansiosos por investigar y demostrar sus aptitudes técnicas. Beowulf demuestra que siempre es mejor centrarse ante todo en contar tu historia y aprovechar esa historia para madurar como artista que no someter la historia a tus exploraciones formales.