viernes, 22 de enero de 2016

'Jupiter's legacy' y 'Las aventuras de Superman', Mark Millar, Frank Quitely, Aluir Amancio, Mike Manley


En fechas recientes se han publicado en España dos tebeos de Mark Millar que no podían distar más entre sí. Por un lado Panini ha publicado una de las últimas obras del autor –es difícil decir cuántas obras ha publicado ya Millar desde entonces dada su incontinencia narrativa– Jupiter’s legacy, una reinvención –o quizá no– del género de los superhéroes planteado desde un prisma actual con las preocupaciones que afectan a la sociedad de hoy. Podríamos decir que se trata de la misma historia que Millar lleva contando toda su carrera. Aunque esto no es del todo cierto. Porque por otro lado ECC comics ha publicado este mismo mes Las aventuras de Superman, adaptación de la serie animada del personaje que se emitió entre 1996 y 2000 que en 20 de sus números tuvo a un primerizo Mark Millar firmando los guiones. Esta es pura aventura juvenil, auténtica locura superheróica. No podían ser más diferentes.

Jupiter’s legacy cuenta cómo es la vida de los hijos de los más grandes héroes del mundo. Hay multitud de escritos hablando de la vida y las características psicológicas y personales de los hijos de famosos, emprendedores o deportistas. Personas que viven entre grandes lujos no porque se lo hayan ganado gracias a sus habilidades o intelecto como hicieron sus padres si no por ser hijos de quién son. Habitualmente suele tratarse de una generación opuesta a la de sus padres, todo lo que antes era inteligencia, ahínco, esfuerzo, trabajo duro, en estas nuevas generaciones se evapora para vivir una vida hedonista de lujo y desinterés. Lo que Millar hace es trasladar esta premisa al mundo de los superhéroes. Existe un gran grupo de superhéroes cuya época está a punto de caducar, grandes héroes que salvaron al mundo en numerosas ocasiones pero cuyos valores han quedado obsoletos en la sociedad del siglo XXI. Estos héroes –y villanos– tienen hijos que se han criado desde niños con la etiqueta de “hijos de”. Tienen superpoderes pero no los usan para mantener un bien moralmente superior en el mundo si no de forma irresponsable e imprudente, no dando más que quebraderos de cabeza a sus progenitores. Vamos, la vida misma pero con superpoderes.

A Millar se le puede acusar de muchas cosas pero seguro que no de cobarde. No tiene problemas en llevar a sus personajes más allá, hacerlos cruzar límites que no creeríamos que se atreviera a cruzar. Siempre que tiene la oportunidad sale de la zona de confort para trasgredir la propia historia que está contando. Lo hace con su trabajo personal y lo hizo cuando trabajaba para las grandes editoriales en historias como Civil War o su etapa en Lobezno. En Jupiter’s legacy, y este es uno de los mayores aciertos del tebeo, Millar utiliza lo que hemos visto en el párrafo anterior únicamente como premisa, pero en lugar de enrocarse ahí, cambia el statu quo de la historia de forma radical ya al final del tercer número –y qué final, el arte de Frank Quitely es asombroso pero en estas tres últimas páginas te deja completamente bloqueado mentalmente–. Jupiter’s legacy no habla sobre cómo viven su vida los hijos de los grandes superhéroes, eso solo es el principio, de ahí, se viaja a un sitio completamente diferente en el que plantea muchos otros temas más allá de aquel del conflicto intergeneracional. Eso sí, tampoco podemos decir que los temas que trate sean nuevos en su bibliografía, pues el abuso del poder, el control de la sociedad por un orden superior, el impacto de superhéroes reales en el mundo, etc llevan apareciendo en su obra desde los tiempos de The Authority. Lo cual, por otro lado, no es malo en sí, cada autor tiene sus preferencias temáticas y estilísticas.


En el apartado gráfico, Frank Quitely literalmente se sale. Quitely, que cada año que pasa se recrea más en su arte, perfeccionando su dibujo hasta cotas inalcanzadas y retrasando las fechas de entrega hasta cotas aún más inalcanzadas, hace aquí uno de sus trabajos más detallados. No podemos decir que sea el mejor, pues narrativamente es bastante plano, utilizando el enfoque cinematográfico marca de la casa de Millar y con un diseño de página muy convencional, lejos de las virguerías visuales que puso en práctica en Flex Mentallo o We3. Pero en cuanto a dibujo propiamente dicho, el nivel de detalle que muestra y la definición –y diferenciación– de sus personajes supera con creces el nivel medio que muestra el mercado norteamericano actual. Eso, sí, dado su ritmo de trabajo, está condenado a realizar proyectos personales como este, lo más alejado posible de las fechas de entrega. De hecho, mientras Quitely prepara el segundo volumen de la obra, Millar ya ha publicado –Panini ya ha anunciado su publicación en España para el mes de abril– Jupiter’s Circle, especie de precuela que cuenta los años dorados de los padres de los protagonistas de Jupiter’s legacy, una obra que pese a estar ambientada en el mismo universo, trata cosas completamente diferentes a esta.

Pero no todo en Mark Millar va a ser violencia salvaje y supremacía superheróica, hubo un tiempo en que escribía cómics muy diferentes. Precedido por su éxito en la revista británica 2000 AD, DC Cómics se fijó en él para encargarle un trabajo en su línea Vertigo, La cosa del pantano, que comenzó escribiendo junto a Grant Morrison antes de continuar en solitario. Algo verían en Millar para ofrecerle poco después un cómic totalmente opuesto a lo que estaba haciendo en aquel momento, la adaptación a las viñetas de la serie de animación Las aventuras de Superman de de la que ahora publica su primer tomo ECC Cómics. Alejado de lo que había escrito hasta aquel momento y de lo que escribiría después, Las aventuras de Superman son una pequeña isla dentro de la obra de Millar. Se trata de un cómic claramente juvenil con un tono naif en el que no tiene cabida el vocabulario soez y cuya violencia está endulzada para hacerla digerible por los más pequeños. 

Pese a lo que pudiera parecer, Millar permaneció 20 números en la colección y realizó un trabajo excepcional. Las aventuras de Superman de Millar podrían ser uno de los cómics perfectos para adentrarse en la mitología del personaje. Por sus páginas desfilan uno tras otro todos los villanos del héroe de Kripton y por supuesto todos sus secundarios, con especial protagonismo de Lois Lane y Jimmy Olsen –¡que incluso llega a tener de forma temporal los poderes de Superman en un número!–. Se trata, salvo escasas excepciones, de números autoconclusivos en los que Superman debe acabar con la amenaza de algún supervillano. No hay una subtrama más larga detrás, no hay una reflexión sesuda sobre el impacto de los superhéroes en la sociedad o sobre cualquier otro tema que haya sido de interés en la carrera de Millar, esto es aventura pura y dura. Eso sí, Millar se lo pasa en grande. El primer número comienza con un aviso de un accidente aéreo que está teniendo lugar; Clark Kent que está en la oficina junto con Jimmy y Lois sale corriendo y salta por la ventana para convertirse inmediatamente en Superman y salvar la situación, pero…. ¡No puede volar! Kent cae inexorablemente al vacío hasta que Superman lo salva en el último minuto. ¿Quién es ese Superman? ¿Por qué Clark Kent ya no tiene poderes? Y esto es solo el principio, cada número que pasa Superman vive una aventura más loca y más divertida aún que la anterior, y Millar no hace si no presentarnos villano tras villano a los que Superman acaba derrotando usando más su ingenio que su superfuerza. Vemos pasar por este primer tomo a Darkseid, Bizarro, Lobo, Lex Luthor, Sr Mxyzptlk, Batgirl, Parásito, Brainiac, todos los grandes personajes de Superman en sus versiones más sencillas, las cuatro pinceladas clave.

Estas aventuras de Superman son un tebeo claramente orientado a un público juvenil pero ampliamente disfrutable por cualquier lector adulto. Millar firma curiosamente algunos de los mejores guiones de su carrera. Se trata de cómics de aventuras sencillos, pero tremendamente bien contados y sin ruido de fondo. Solo pura y simple aventura con la esencia de cada personaje perfectamente plasmada en la página. Si por algo se caracterizan los tebeos de Millar es por ser enormemente entretenidos y tener un buen ritmo de la acción y la aventura. Al fin y al cabo lo que vemos en Las aventuras de Superman podría ser el esqueleto de cualquier otro cómic de Millar antes de añadirle toda la carga posterior. Aquí queda solo la aventura. Probablemente sea uno de los tebeos de Millar más raros que se puedan encontrar –en lo alejado que está del resto de su trabajo– pero es uno de los más recomendables. Uno de esos cómics que se convierten en esenciales sin pretenderlo.

martes, 12 de enero de 2016

'Star Wars: El despertar de la Fuerza', reconstruyendo el pasado


"Kylo Ren es un enemigo mucho más interesante de lo que fue Darth Vader en La guerra de las galaxias. No olvidemos que el drama de Darth Vader se detalló en gran medida de forma retroactiva en las precuelas y que en la trilogía clásica apenas tenía dos pinceladas de desarrollo al finalizar los episodios V y VI. Lo que impactó de Vader en su momento y lo convirtió en uno de los personajes de ficción más conocidos de la historia fue su imponente presencia física y el misterio que se ocultaba tras su negro uniforme –no obstante en El imperio contraataca, Lucas se vio obligado a insertar un plano del villano sin casco para despejar las dudas de gran parte del público sobre si era un hombre o un robot–. Ante la imposibilidad de imitar a Vader, el camino opuesto era la decisión lógica. Mientras que con Vader se jugaba al misterio, con Kylo Ren se opta por el desarrollo. El camino que aquel tardó 6 películas en recorrer, este lo recorre en una."

Crítica de Star Wars: El despertar de la Fuerza en El Imaginario del Dr. Ender.

sábado, 9 de enero de 2016

Yuna, Santiago García y Juaco Vizuete


La ciencia ficción tiene que ser extraña. Tiene que plantear preguntas. Tiene que incomodar a la sociedad poniendo sobre la mesa cuestiones de actualidad difíciles de tratar desde otro prisma. Tiene que hacer que tu cerebro hierva. Leer ciencia ficción ha de ser por definición una experiencia asombrosa e inquietante. Tiene que mantenerte pegado al sillón aturdido por lo que tienes delante pero con ganas de levantarte para no seguir leyendo, para no llegar a dónde te está llevando. Para no admitir lo que estás viendo. La ciencia ficción ha de ser algo visceral, que nace de lo más profundo del ser humano para expandirse y abarcar los extremos más lejanos de la sociedad. Santiago García y Juaco Vizuete han creado un cómic de ciencia ficción.

Yuna es la relación entre un hombre y una mujer. 

Yuna es una mujer artificial cuya función consiste en hacer compañía a hombres hasta que estos mueren, se cansan o la sustituyen por un modelo más nuevo. 

Yuna es la búsqueda del amor. 

Yuna es un montón de interrogantes encerrados en varias preguntas que se plantean nuestra vida. 

Yuna es sexo. 

Yuna es algo posesivo. 

Yuna es lo que tú quieres que sea, pero no lo sabes.



Con Yuna, como buena historia de ciencia ficción, tardas un rato en saber lo que estás leyendo. Y es posible que al acabar de leer te quede aún algo de esa sensación. Pero eso no es malo. Yuna expone preguntas, saca a la luz emociones muy humanas pese a estar protagonizadas en ocasiones por seres artificiales, pero no da muchas respuestas. Su objetivo es inquietar tu mente. Hacerla salir de su zona de confort y que haga un esfuerzo por plantearse nuevos horizontes, por ver el mundo con otros ojos, por tratar de comprender lo incomprensible. Yuna es mutable, cambia según quién lo lee, incluso cambia según cuándo se lee. No es tan importante lo que ves como la sensación que te produce. Sumergirse en Yuna es quedar atrapado en otra dimensión, es realizar un viaje del que no volverás entero. La falsa languidez de sus páginas te atrapa y te hace pasarlas una a una deseando acabar pero sin querer que haya un fin. Quieres continuar en ese mundo, pero algo en tu interior se inquieta por seguir leyendo. 

Yuna es una historia reposada, de cocción lenta. De disfrutar con tiempo perdiéndose en sus largas páginas en las inmensidades del espacio. O en la profundidad de esa nave espacial gigantesca que los protagonistas encuentran en cierto momento, y que gime y siente de una forma demasiado humana. Colosa. Yuna no se lee en sus dibujos si no en el blanco que une sus viñetas. Lo importante no está en lo que se dice si no en los sentimientos que se adivinan bajo las miradas y los gestos. “Por sus acciones le conoceréis” cobra aquí un nuevo sentido. Más importante que las letras que componen Yuna es la forma que estas obtienen, la vida que reciben. Como casi todo en estas páginas, las propias palabras tienen vida y se inmiscuyen en la historia, afectan a los personajes. Cuando no puedes defenderte de forma física lo haces con palabras, con gemidos, con ruidos. Y es una defensa tanto o más efectiva que la acción física. Y violenta.


Yuna es un cómic profundamente orgánico. Carne y metal se desdibujan. Fluidos vivos manan de la máquina y la vida se abre paso en los rincones más oscuros. En ocasiones, las máquinas son más cálidas que el hombre, buscan con desesperación los agujeros por los que acceder a la vida. Yuna desconcierta al lector con extrañas escenas de sexo que no se molesta en explicar. Forman parte de un mundo que no es el nuestro, aunque tampoco sea del todo diferente. Amor y celos mueven la historia, son el combustible que hace avanzar este extraño artefacto perturbador de mentes.

Yuna es una experiencia de lectura diferente. No es posible leerlo, solamente dejarse absorber por su singularidad y tratar de captar algunos de los mensajes que flotan en el espacio entre viñetas. Hector, Yuna, Colosa no están ahí para contarte nada; tú estás ahí espiando sus vidas agazapado en un rincón oscuro. Como un voyeur. Como un visitante no invitado. Yuna no te tiene en cuenta, tan solo continua su rumbo, la vida se abre camino y tú eres tan solo un espectador casual de la belleza del universo.

miércoles, 23 de diciembre de 2015

Necrópolis, Marcos Prior

Necrópilis (Marcos Prior, Astiberri, 2015) es la lectura más adecuada en estos momentos. Es un cómic que reproduce y en ocasiones predice lo que ha estado ocurriendo las últimas semanas en España a raíz de las elecciones generales. Pero no es un cómic anclado a su tiempo. Estoy convencido de que Necrópolis es una de esas historias que puede leerse en diferentes épocas y encontrarle una referencia social válida diferente en cada una. Es una de esas historias atemporales que muestran la política tal y como es y ha sido siempre. Incide en los aspectos más bajos de nuestra sociedad, y muestra la campaña electoral con una agudeza asombrosa.

Necrópolis narra en un futuro cercano la campaña electoral para la alcaldía de una ciudad ficticia pero que todos podemos reconocer. Uno de los grandes aciertos de Prior está en crear una gran urbe genérica que pueda ser cualquiera o ninguna de las conocidas, en España o en el extranjero y poblarla con habitantes extremos pero que en ningún momento nos resultan extraños. Prior utiliza el cliché para definir a sus personajes, todos son la versión extrema de prototipos con los que nos cruzamos por la calle todos los días, y es a través de esa exageración de las personalidades como llegamos a relacionarlos con sus referentes reales con la distancia suficiente como para reconocerlos y juzgarlos. Y aunque todos son importantes ninguno es el centro de atención. El protagonismo en Necrópolis es coral y está formado por todas las personas que habitan esa gran urbe, que participan en las elecciones y sufren sus consecuencias y que viven asoladas por el escenario dejado por una gran crisis. Al fin y al cabo está formado por todos nosotros. El uso de diferentes estilos narrativos – prensa, noticiario televisado, redes sociales…- da la sensación de que toda la historia es real y la estamos viviendo en el momento de acontecer. Igual que en la vida real leemos el periódico por la noche, consultamos las redes sociales y hablamos con compañeros durante el día y vemos los noticiarios por la noche, lo mismo ocurre en Necrópolis, dando la sensación de cotidianidad a pesar de los sucesos que ocurren. No solo muestra la campaña si no lo que está ocurriendo a personas anónimas en los días de campaña, ensamblando en conjunto una visión global de la ciudad y dejando transpirar el ambiente cultural, el zeitgeist de la sociedad. Y de nuestra sociedad. 


La agudísima mirada de Prior no solo define a la perfección a algunos de los personajes, claramente influenciados por personalidades reales -no solo políticos si no también otras personalidades públicas claramente reconocibles-, si no que es capaz de predecir sucesos que han ocurrido en la campaña de las elecciones reales de hace unos días y plasmarlos en el cómic. El debate a cuatro por ejemplo, o, más sorprendente aún, la agresión a uno de los candidatos. Necrópolis disecciona al detalle nuestra sociedad y la muestra de forma directa, visceral, con todos sus vicios e incongruencias. No es un cómic optimista, todo lo contrario, es un cómic que no se preocupa por dejar bien a nadie, no solo no quiere mostrar la cara buena de los políticos si no que duda incluso de que la tengan. E igual que juzga a los políticos, lo hace con los ciudadanos, muchos en un camino desviado y con acciones más que discutibles, otros sobreviviendo en la época que les ha tocado. Una de las mejores secuencias del cómic, especialmente en lo narrativo, es cuando una serie de ciudadanos cuentan sus vidas y las penurias que viven durante estos años de crisis a razón de una persona por página; lo que comienza con una página de 16 viñetas con una persona contando su problema de psoriasis, va poco a poco agravándose y adquiriendo un tono más pesado conforme los problemas de la gente van empeorando: un vendedor callejero de 48 años, un hombre en el paro después de una amplia vida laboral, un escritor de éxito que no tiene dinero ni para el alquiler, etc. Esta decadencia social, este aumento de la gravedad de las situaciones vitales se ve acompañado por la eliminación de una viñeta en cada página que es sustituida por un fondo completamente negro. El peso del negro va aplastando cada vez más a las personas que cuentan sus problemas igual que el peso de la vida aplasta cada vez más a los propios ciudadanos. La última página contiene una única y pequeña viñeta en una inmensidad negra, con un hombre que dice: “Me llamaban Eric sonrisa telefónica. Antes, cuando estaba vivo.” Necrópolis es narrativamente una maravilla, con un uso del lenguaje del cómic muy detallado y tras el que se aprecia una gran reflexión. A pesar del uso de diferentes técnicas y del protagonismo difuso, el cómic resulta perfectamente equilibrado en sus tiempos, saltando de un escenario a otro con naturalidad y aportando las pinceladas necesarias de cada personaje para que tengan su peso en la narración pero no eclipsen a la propia historia.


El cómic comienza con la escena final de la primera temporada de True Detective, con los agentes Cohle y Hart dialogando sobre la luz y la oscuridad en el universo. Prior toma esa idea y crea su cómic a partir de ahí, usando el concepto de oscuridad para definir la sociedad. Lo hace en ocasiones de forma literal –los continuos apagones que conllevan toda una ola de crímenes- y otras de forma metafórica –podríamos hablar de la oscuridad interna de algunos personajes de moral cuestionable-. En oposición, el cómic finaliza con una secuencia de varias páginas formada cada una por dos viñetas sin diálogo, mostrando únicamente instantáneas de una ciudad en decadencia. Llama poderosamente la atención que frente al pesimismo que emana de las últimas páginas, el único apunte optimista del cómic esté precisamente en la primera página y dentro de una historia de ficción –dentro de la propia historia se entiende- cuando el personaje protagonizado por Matthew McConaughey dice: “La luz está ganando… El mero hecho de su existencia es una victoria…”. Necrópolis recorre el camino al revés, del optimismo al pesimismo. Comienza con la esperanza que suponen unas elecciones, la llegada del cambio y finaliza con un “todo sigue igual”.

Necrópolis es un cómic necesario y de enorme actualidad y hay que tomárselo, pese a su ambientación futurista, como un documento informativo, un objeto de estudio si se quiere comprender la sociedad de comienzos del siglo XXI. Marcos Prior no se molesta en endulzar las cosas y presenta una sociedad profundamente pesimista, caída en desgracia, con un cuerpo político que vive ajeno a los problemas reales y una separación de clases que no hace si no aumentar los problemas existentes. Una mirada amarga de nuestra sociedad y de nosotros mismos que formamos parte de ella sin cambiarla. 

jueves, 17 de diciembre de 2015

La ficción, Curt Pires y David Rubín

Siempre he creído que ser diferente ayuda, especialmente en carreras artísticas o creativas. Ser raro es bueno, y de raro David Rubín tiene un rato. En el buen sentido por supuesto. En España estamos acostumbrados a dos tipos de dibujantes, por un lado los que se dedican a cómic de autor, generalmente sin interés en trabajar en el mercado norteamericano, son autores a quienes les gusta crear sus propios cómics en solitario o conjuntamente con un guionista, pero siempre desde una posición muy personal, controlando todo el proceso y por supuesto manteniendo los derechos sobre su obra. Por otro lado están aquellos que habiendo crecido leyendo a Superman o Los Vengadores han soñado toda su vida con dibujar tebeos de superhéroes, y han logrado entrar en el mercado estadounidense en una de las grandes editoriales –con unas filas cada vez menos americanas y más internacionales– dibujando a los más grandes superhéroes. Estos dibujantes trabajan sobre un guión ajeno, al que usualmente pocas aportaciones pueden hacer, y son entintados y coloreados por otros profesionales, resultando al final responsables tan solo de una parte del producto y dueños de ninguna. Ambas elecciones de carrera son igualmente válidas, y en cada una de ellas podemos encontrar grandes artistas españoles, síntoma por otro lado de la buena cantera de creadores de cómic que tenemos en este país. Es tan difícil encontrar dibujantes del segundo tipo que se adentren en obras de autor como creadores del primer tipo con el interés o la capacidad de trabajar en el mercado norteamericano. David Rubín es uno de estos raros ejemplares que puede permitirse oscilar con facilidad entre ambos mundos. Tras una sólida obra en España como autor completo de la que destaca sin lugar a dudas El Héroe (Astiberri, 2011-2012), esa revisión del mito de Heracles que publicó en dos volúmenes, se lanzó de lleno a una obra con guión ajeno de la mano de Santiago García, Beowulf (Astiberri, 2013). Uno de los más completos y espectaculares cómics creados en España en los últimos años, una monstruosa adaptación del mito anglosajón –sí, otro mito, todo en David Rubín tiene un punto mitológico- que sorprendió tanto por su cuidado guión como por su espectacular dibujo y de la que ya escribí  en su día aquí y aquí. Tras esto, Rubín pareció cogerle el gusto a trabajar con guionista –y digo “con” y no “para” y es un matiz importante- y entró de lleno en el mercado norteamericano con las historias de Aurora West (First Second, The rise of Aurora West, 2014 y The fall of the house of West, 2015) junto a Paul Pope, un cómic de aventuras orientado a un público más juvenil de la que ya ha dibujado dos tomos. Ahora Rubín  continúa su particular conquista de las Américas con La ficción (The fiction, BOOM! Studios, 2015), creado junto a Curt Pires y publicado originalmente por BOOM! Studios, una de esas editoriales de cómics independientes que más guerra da a la ya todopoderosa Image. Con esta obra Rubín da un paso más en su trabajo dejando que sea otra persona la que se encargue del color de la obra –trabajo por cierto sobresaliente que se acerca enormemente a lo que el propio Rubín habría hecho– y adaptando su trabajo al formato comic-book mensual, con el que no había trabajado todavía. Mientras que algunos dibujantes entran en el mercado americano por la puerta grande, dibujando Batman o Spiderman y pasando a formar parte de esa gran tropa de dibujantes de superhéroes con la calidad suficiente como para dibujar para las grandes editoriales pero sin esa chispa que los haga únicos, Rubín está entrando pasito a paso por la puerta de atrás, dejando su huella poco a poco en la industria y afianzando su carrera desde los cimientos.


Leyendo La ficción me he acordado del primer Stephen King, especialmente de It con la que comparte más de uno o dos elementos. El Stephen King de aquella época era un maestro en crear atmósferas, en mostrar mundos fantásticos, generalmente terroríficos de una forma que parecía plausible, sabía cómo jugar con los miedos primarios y trasladarlos a un escenario que por muy extraño que fuera siempre tenía algo que resultaba familiar. Stephen King te hacía mirar debajo de la cama por si se había colado un payaso. La ficción toma ese camino, protagonizado por cuatro niños que un día descubren un libro que los transporta literalmente a un mundo fantástico formado por mundos increíbles y personajes de ficción en el que pasarán las horas jugando y descubriendo. Por supuesto nada es lo que parece y lo que al principio es todo diversión acabará torciéndose cuando uno de ellos desaparezca repentinamente. Como en It, años después los amigos restantes volverán a juntarse y adentrarse en el mundo fantástico del libro cuando otro horrible suceso les obligue a actuar. La ficción consta de cuatro números y lo primero que se echa de menos al leerlo son otros cuatro números más. Parece que se cuentan demasiadas cosas en pocas páginas y se echa en falta algo de espacio para asentar la historia con seguridad –en esto es completamente opuesto a King y su verborrea narrativa¬–. Ciertas escenas parecen resolverse de forma demasiado apresurada. A pesar de ello, Pires y Rubín suplen esto con grandes dosis de imaginación y con un espectáculo visual emocionante. Rubín sabe cuándo ser espectacular, y cuando trazar unas líneas más calmadas aprobando ambos registros con holgura. El dibujante se presenta como un autor polivalente, capaz de dibujar cualquier escena que se le ponga por delante sabiendo transmitir en su trazo, en las expresiones de sus personajes cualquier tipo de emoción y dibujando unas escenas de acción que tiran de la silla sin caer en el recurso fácil de la narrativa cinematográfica, ante todo lo que tenemos delante es un cómic. En cuestión de pocas páginas Rubín pasa de la aventura juvenil al terror o a la acción más vibrante, y en ningún momento se perciben los puntos de sutura, el dibujo hace fluir la historia haciendo que, como en las novelas de Stephen King, todo parezca plausible.

La ficción supone pues un paso más en la carrera internacional de David Rubín, un paso firme que le acerca a nuevos formatos y a nuevos lectores y que le hace crecer como autor. Queda pendiente ver si la serie tiene el suficiente éxito como para continuar en el futuro, con más tranquilidad y nos permite seguir disfrutando de ese increíble mundo creado por Pires y Rubín. No quisiera acabar sin destacar el fantástico trabajo realizado por Astiberri en su edición española, una publicación cuidadísima con un capítulo entero de bocetos y que la convierte además en la primera edición recopilada de la obra en todo el mundo.